
-No señora, vístase y acérquese, por favor, hasta la Clínica Diez de Oñate...Su médico está esperándola allí...
Así estábamos terminando ese 24 de mayo de 1996.
La clínica quedaba a dos cuadras, así que caminando, para ayudar a la dilatación, atravesamos la Plaza Sarmiento.
No saben lo que era cuando nació. El entrecejo tan cerrado, que le dura hasta hoy el gesto, cuando algo la enoja.
Marumalenku, mi petisita. María Magdalena a pedido de mi papá.
Pelo oscuro, ojos moros y la boca apretada, estoica como pocas.
Firme en sus trece, perdona si quiere, ama todo lo que puede, y sonríe contadas veces, para alegría de toda la familia, que no deja de decir: "La Male tiene un carácter...".
Como todo fruto, debajo de la dura cáscara, esconde la pepita más dulce.
A ella le cuesta estudiar, pero se pone a hacerlo con ahínco, no le vengan con quedarse con la duda de algo. Su última interrogación se refirió a la anarquía, y la mamá, imagínense, quedó contra las cuerdas.
Generalmente, uno relaciona a las personas con algunos animales, que de ser posible, los representarían cabalmente. Ella es mi mustango.
No...Los 25 de mayo no son fecha patria desde 1996. Por lo menos aquí en casa, que nos olvidamos de Saavedra, French y Berutti, para celebrar que tenemos a un esbozo tan pequeño y bello de la libertad.
("Studyng", Iman Maleki)
sábado 24 de mayo de 2008
Ese lunar que tienes...
lunes 19 de mayo de 2008
Fidgety
El temblar de la tierra que sintió María cuando Robert Jordan le hace el amor.
El terror que inspira en Diana Mayo, aquel hombre bestial y profundo, Ahmed Ben Hassan. Nunca tan cerca el terror del fuego.
La sumision que provoca en Bijou, la sensualidad dominante del Vasco.
No sé qué tendrán que ver esos sentimientos, que están marcados a fuego en mi mente, con la complicidad, el cariño inocente y la credulidad que siente Becky Tatcher hacia Tom Sawyer.
Pero ahí están, esas son las parejas de la literatura que más me gustan.
Sólo hubo una, frustrada porque al autor no se le dió la gana...
Cada vez que recuerdo a Huckleberry Finn, me pregunto por qué Mark Twain no le dió una compañera.
Quién seguiría en esta época a alguien tan idealista, tan sensible, tan amigo...
Tan errante.
Ah, yo, pues.
(con "fidgety", Huck nombraba a ese estado de ánimo, cercanísimo a la inquietud, donde uno reprime un deseo intenso, ¿qué tal el niño?).
jueves 15 de mayo de 2008
Los diez deditos ahí, en la puerta...eso es...

Hoy tomé una de las guitarras de la sala de música, y me encerré en el jardincito...
Me acomodé, y arranqué con " Well you've heard about love givin' sight to the blind..."
No puedo haberme reído tanto de tamaña ridiculez!
Así vas a empezar, nena? Vamos, mirate un poco...
Juro aquí que nunca vuelvo a cometer esa falta de respeto, pero la tentación fue grande cuando abracé la guitarra.
Hoy fue otro día de ésos, en los que agradezco enormemente no tener en mis manos las llaves de una Estanciera.
Por lo menos no estoy como los peces de Bubbaloo, pobres bichos...aburridísimos sin café ni cigarrillos.
Miraba mis pies esta mañana, dentro de mis botas, tan seguros ellos para irse solitos siempre al oeste...El día que les diga yo a dónde quiero ir, más vale que me obedezcan, extremidades.
lunes 12 de mayo de 2008
Happiness...is not included

Difícilmente olvide que aprendió que hay ciertas personas con luz propia...y que debe considerarse afortunada si esas personas deciden, aunque sea por unas horas, compartir su luz con ella.
Tampoco olvidará que aprendió a partir nueces con una mano.
Lo que siempre, siempre tendrá que recordar, es que si no quiere respuestas que le causen dolor, deberá a aprender a no hacer preguntas.
martes 6 de mayo de 2008
Alvar Núñez

Y apareció él...Cabecita de huevo, pelo negro, cara de enojado...
Cómo se me ocurrió a último momento, incorporarme un poco y verlo asomarse, no lo sé. Y otra vez la sorpresa, porque más cara de Charly, no podía tener...
Creció con una independencia asombrosa, con una personalidad que no le impidió aprender a andar en la bicicleta rosada de su hermana. Vueltas a la manzana, a los tres años. Sabandija eterno.
Ponerle camisas o zapatos, es un sufrimiento aún en la actualidad. No los soporta. Bueno, no soporta muchísimas cosas: las injusticias, las mentiras, los dobles discursos.
Cuando tenía cuatro años, venían los chicos de quince a buscarlo para jugar, era su mascotita. Ahora que tiene catorce, vienen a buscarlo sus amigos, pero tambien algunos pequeñines, que lo siguen como a un ídolo.
Cuando recién nos mudamos a la nueva casa, y muchas de nuestras visitas no nos ubicaban, sólo tenían que preguntar "Dónde vive Charly?", y listo, los acompañaban hasta nuestra puerta.
No anda bien a veces en la escuela, hay que andar controlando que no se ponga remolón.
Nadie ha creido con tanta fé en las historias que he contado como él. Jamás las pone en duda. Ni se molestó esa vez que, al llamarlo, le dije "Cabeza de Vaca".
Hoy el enano cumple catorce años, ya me ha pasado en altura y tuve que enseñarle a afeitarse.
Y aunque se perfume entero cada vez que sale a bailar, y sea muy discreto en cuestiones de "amigas", yo lo sigo viendo como aquel gurrumín de cinco años me preguntó, asombrado ante una gallina "Qué mamá?, acá en Mendoza, existen?"
("End of examination", Imán Maleki)
jueves 1 de mayo de 2008
Lo que tu nombre hace de vos
No recuerdo cómo te llamás, pero tenés cara de...
Más de una vez me ha pasado. E inmediatamente termino llamando Adriana a una Cristina, Fernando a un Jorge, o Laura a una Andrea.
Si pudieran verme la cara, no habría modo de que no supieran de que soy Flavia Daniela. Aunque a veces me confunden con Fanny, Oladia, o Mary.
Ni me pregunten quiénes son. Buena gente, eso sí.
Observando bien a todos los que conozco, concluyo en que sus nombres están bien puestos.
Y no me creo nada de el nombre lo hace a uno. Es al revés, totalmente.
Es eso, o las circunstancias en que tu nombre es pronunciado. No conozco a ningún Jesús, que por tremendo e incorregible que fuera, no tenga cara de "Soy más bueno que el pan".
Lo mismo con las Marías, ¿conoce alguien a alguna María que sea mala persona?.
Mi primo esperaba tener una nena, sólo para ponerle Emiliana. Emiliana Zapata. Así salió.
Yo tengo un Carlos. Carlitos. Charly para todos. Lo dejo suelto a su imaginación.
Y las Anas, no son todas unas señoras, acaso? Señora Santa Ana.
Todo ésto se me ocurrió, porque hoy me acordé de Camilo Cienfuegos Gorriarán.
Cuando leí un poquito sobre las revoluciones, su nombre me inquietó más que el del Che o el de Fidel.
Perdonen el divague, pero a estas horas, no se me puede pedir más. De un recuerdo, al tema de los nombres y de ahí al post. Ni mencionemos que no quedan hombres así como para andar pensando en revoluciones, no?
(no comenten si quieren, pero tómense un cafecito mientras escuchan la música, si? a placer regalado, no se le mide el tiempo...)
miércoles 23 de abril de 2008
Tu pie va ahí, en el pedal...
Algo me dice que cuando mis hijos decidan irse de mi lado, lo van a hacer convencidos de que tienen que irse, de que es momento de hacerlo.
Eso, por supuesto, no significa que no vayan a dolerme cada una de esas cuatro futuras partidas.
Los crié, y los crío, convencidísima de que su lugar en el mundo no está a partir del lugar que yo les haga, sino del lugar que ellos mismos se busquen. Su propio paraíso.
Cómo saber cuándo un hijo está listo para irse de nuestro lado? Qué secreta señal se da a los padres para que abran la puerta? (y ya sabemos que no hablo sólo de una puerta de madera...).
Cada vez que imagino ese momento, no veo una partida llorosa, emocionada o con la frase "Podés volver cuándo quieras...". No, nada de éso.
Más bien me veo a las corridas, buscando el abrelatas que olvidaron poner en la caja de mudanza, etiquetando cd´s, planchando ropa que seguramente va a ir amontonada en una caja, quejándome de la cantidad de sopas instantáneas y de lo poco que se llevan de productos de limpieza...
No me veo con lágrimas en los ojos. No, para nada. Las lágrimas corren ahora, en estos días que transcurren mientras ellos todavía tienen ganas de abrazarme fuerte, de decirme que me quieren sin sentirse abochornados, de preguntarme con quién hablo por teléfono, de preguntarme, cuando llego del trabajo, cómo me fue...
Esas lágrimas corren mientras veo que a veces son tan chicos que no saben solucionar una discusión sin enojarse, cuando los veo tristones, por las cosas que siempre ponen tristones a los chicos, cuando me enojo porque la pasta dentífrica no queda en el cepillo, sino en el lavatorio recién lavado, en los pantalones destrozados de tanto jugar a la pelota, en las tareas no subrayadas, en la fiebre provocada por algo que desconozco...
Corren por dentro, nadie las ve...
Y es que tiene que ser así, a quién le interesan esas lágrimas si no es a alguien que después va a reclamar por el motivo de cada una de ellas?
Indefectiblemente, se van a ir...es inevitable.
Para qué les estoy haciendo creer que hay un mundo completamente poblado de caminos maravillosos, si no los voy a lanzar a recorrerlos?
(posteo inspirado en cuatro respiraciones aquietadas a estas horas...y en la voz maravillosa de Caecilie Norby)